jueves, 6 de marzo de 2014

PROMETEO

Prometeo era hijo del Titán Japeto y de la Tierra. Se le consideraba digno de ser admitido en el Olimpo y de tomar parte en las discuciones de los dioses; él amaba a los hombres y llevó la voz de éstos, que eran desgraciados, hacia el cielo.

Solía descender, y andaba entre los hombres a quienes enseñó la manera de contar el tiempo, la ciencia de los números, el alfabeto, la navegación y hasta la medicina: todas las artes.

Pero los hombres no conocían el fuego sino en la forma del rayo y del sol, y sin el fuego, su comida brutal consistía en las carnes crudas; no podían trabajar los metales, ni tener tampoco la llama encendida en el fondo de sus casas, como una amiga maravillosa. Los dioses, que no amaban a los hombres, se habían reservado "La flor roja," que es amorosa y civilizadora.

Prometeo, dispuesto a hacer del hombre otra cosa mayor, se acercó, temerario, a la rueda del Sol, y encendiendo en ella su antorcha, corrió a traerla a la Tierra.

El castigo vino pronto contra Prometeo, pues los dioses burlados, a su vez burlaron al titán de este modo: enviaron al mundo a Pandora, con una caja sellada, que contenía todos los males. La recibió un hermano de Prometeo, y al abrirla, las camalidades salieron volando desde la caja y se repartieron por sobre el mundo. Dañados los hombres, vino la expiación del amigo de los hombres: sujeto con cadenas de bronce, hincadas en una roca del Cáucaso, Prometeo quedó abandonado a los buitres. Sus gemidos resonaban en las grutas de la montaña, y sus ojos sólo miraban en torno la impiedad de los riscos y la indiferencia del cielo. Prometeo no se humilló a los dioses, y con grandes gritos mostraba a Zeus su maldad, sin pedirle misericordia. Zeus, irritado por la rebeldía de un simple titán, cambió su suplicio por otro peor: le hizo descender hacia el Tártaro; después fue atado de nuevo a la roca, por tiempo incalculable. Un águila o un buitre, abría desgajándolas, sus entrañas, y éstas retoñaban a cada golpe del tremendo pico.

Los dioses no se apiadaron; pero Hércules, que era generoso sin ser divino, mató con sus flechas al ave, libertando al héroe.

La cautividad del fuego, que hasta entonces había corrido libre por el cielo, mudó la vida de los humanos: creó la casa; los metales derretidos fueron trabajados como el barro, y nacieron  de ellos, cuya terquedad los hacía estériles, desde las armas temibles para las fieras, hasta las joyas delicadas que llevaron las mujeres sobre su pecho o sus manos.

Desde entonces tuvo Prometeo un lugar superior al de los héroes, que son solamente hombres, y su reto contra Zeus lo aproximó a los propios dioses.

EL HOMBRECITO GRANDE

Yo soy pequeño por que soy un niño. Cuando yo tenga la edad de mi padre, seré grande. Entonces, si mi maestro viene a decirme: "¡Que es tarde! ¡Coge la pizarra y los libros!", _yo le diré: "¿No estás tú viendo que soy ya mayor como papá? Ya no tengo que dar más lección." Y mi maestro se quedará pensando, y dirá: "Es verdad, a es mayor. Puede, si quiere, dejar los libros."

Me vestiré y me iré de paseo a la feria, donde hay tanta gente. Vendrá mi tío corriendo y me dirá: "Hijo mío, vas a perderte. Déjame que te coja en brazos." Yo le responderé: "Tío, ¿no ves que soy ya grande como papá? Ya puedo ir donde quiera, que es ya mayor."

Cuando vuelva mi madre del baño, como yo sabré ya abrir la caja con mi llave, me encontrará dándole dinero al ama, y me dirá: "¿Qué es lo que estás haciendo, loco? Yo le contestaré: "Pero, madre ¿No lo sabes tú? Yo soy ya mayor, como papá y tengo que pagarle a mi niñera." Y mi madre dirá para sí: "Que le dé dinero a quien quiera, que ya es un hombre."

Para las vacaciones de octubre, padre volverá a casa y, creyéndose que soy todavía un niño, me traerá de la ciudad zapatitos y vestidillos de seda. Yo le diré: "Dáselos a mi Dada, papá, que yo soy tan grande como tú." Y padre pensará y dirá: "Es verdad. El puede comprarse su ropa si quiere, que ya es mayor.

SUPERIORIDAD

Madre, tu niña es una tonta. ¡Qué ridícula y qué simple es la pobre! ¡No sabe distinguir entre las luces de la calle y las estrellas! Si jugamos a comer chinitas, se cree que son comida de verdad, y quiere tragárselas. Si le doy mi libro y le digo que tiene que aprender el a, b, c, rompe las hojas y se ríe alegremente como si hubiera hecho una gran cosa. La riño, entonces, enfadado, moviendo la cabeza, y le digo que es muy mala.... Y vuelve a reír, y le parece un juego muy gracioso. Todo el mundo sabe que papá no está aquí; pero si yo, jugando, grito: "¡Papá!" vuelve la cabeza como una loca y cree que papá está con nosotros. Cuando les doy clase a los borricos que trae la lavandera para cargar la ropa, y le digo a tu niña que yo soy el maestro, se pone a gritar sin razón y me llama: "¡Dada, Dada!" Luego, quiere coger la luna. Le dice a Ganesa, Gonasa y se le figura que es una gracia. Madre, tu niña es una tonta. ¡Qué simple y qué ridícula es!

MIMOS

Si en vez de ser tu niño, madre, fuese yo un perrito, ¿me dirías tú que no, cuando quiero comer en tu plato? Di, ¿me echarías tú de tu lado, diciendome: "¡Vete de una vez, perrillo del demonio?" ¿Sí? ¡Pues vete tú, madre, vete! Ya no volveré más cuando me llames, ni te dejaré más que me des de comer.

Si fuera yo un lorito verde, en vez de ser tu niño, madre mía, di, ¿me tendrías tú preso para que no me fuese volando? ¿Me reñirías con el dedo, diciéndome: "¡Qué maldito pájaro este! ¡Todo el día y toda la noche picando su cadena!" ¿Sí? Pues vete, madre, vete tú. Yo me iré volando al campo y no te dejaré ya más tenerme entre tus brazos.

LA ESCUELA DE LAS FLORES



Cuando caen los aguaceros de junio, y los negros nubarrones braman por el cielo, y el viento mojado del Este viene por el desierto a tocar la flauta en los bambúes, las flores surgen, sin que nadie sepa de dónde, en súbito tropel y se ponen a bailar sobre la yerba, locas de alegría.

_Madre, ¿las flores van a una escuela que hay debajo de la tierra, no? Allí, cerrada la puerta, estudiarán sus lecciones; y si quieren salir a jugar antes de la hora, su maestro las pondrá de rodillas en un rincón. Pero, cuando llueve, ¡qué día de fiesta para ellas!

Las ramas se golpean ruidosamente en la arboleda; suspiran las hojas en el loco viento; las nubes de tormenta palmotean con sus manos gigantes.... Y las flores-niñas salen corriendo, vestidas de rosa, de amarillo, de blanco....

_Madre, oye; las flores tienen su casa en el cielo, entre las estrellas, ¿sabes? ¡Mira tú, si no, cómo quieren subir! ¿A que no sabes tú qué corren tanto? ¡Yo si lo sé! Y sé a quién tienden sus brazos. Las flores tienen una madre, como yo te tengo a ti, madre mía.