viernes, 28 de febrero de 2014

LA FLOR DE LA CHAMPACA

Oye, madre; si, sólo por jugar, ¿he?, me convirtiera yo en una flor de champaca, y me abriera en la ramita más alta de aquel árbol, y me meciera en el viento riéndome, y bailara sobre las hojas nuevas....¿sabrías tú que era yo, madre mía? Tú me llamarías: "Niño, ¿dónde estás?" Y yo me reiría para mí y me quedaría muy quieto. Abriría muy despacito mis pétalos, y te vería trabajar.

Cuando, después del baño, con el pelo mojado abierto sobre los hombros, pasaras tú por la frescura de la champaca al patinillo donde rezas, sentirías el perfume de la flor, madre, pero no sabrías que salía de mí. Después de la comida de las doce, cuando estuvieras sentada a la ventana, leyendo el Ramayana, y la sombra del árbol te cayera en el pelo y en la falda, yo echaría mi sombrita chica sobre la hoja de tu libro, en el mismo sitio en que leyeras; pero ¿adivinarías tú que era la sombra de tu hijito? Cuando, al anochecer, con la lámpara en la mano, fueras tú al establo, de pronto caería yo otra vez al suelo,y sería otra vez tu niño, y te pediría que me contaras un cuento.

"¿Dónde has estado tú, picarón?" "No te lo cuento, madre," nos diríamos.

viernes, 14 de febrero de 2014

EL RELATO DEL DILUVIO

Cierta mañana, Manú se hizo servir agua en un vaso. Mientras que se levantaba las manos, un pesecillo que había en el agua le dirigió la palabra: "Manú, sálvame, y yo te salvaré del diluvio que debe arrastrar a todos los seres."
_"¿Qué es necesario hacer para salverte?" Pregunto Manú al pez.
_"Mientras que somos pequeños nuestra existencia es precaria porque los peces grandes nos devoran. Déjame, pues, en este vaso. Cuando yo haya crecido, haz un estanque y llénalo de agua para que me reciba, y cuando haya crecido más aún, llávame al mar. Entonces seré bastante fuerte para librarme de todos los peligros.
Efectivamente, el pez creció y una día dijo a Manú: "Deberás construir un buque para salvarte del diluvio que te he anunciado. Haz exactamente lo que digo. Cuando el diluvio comience, métete en el buque que habrás construido y déjate llevar por las olas; yo iré entonces a salvarte.
Cuando el pez llegó a ser enorme, Manú lo llevó al mar. Después construyó un buque y se metió en él, tan pronto como el diluvio comenzó.
Las olas pronto llegaron a levantar el buque y lo transportaron de un lugar a otro. Manú vio entonces venir el pez que él había salvado; lo ató por medio de un cable a su buque, y el pez, nadando vigorosamente, lo condujo hacia una elevada montaña que el mar no había podido cubrir.
Allí, el  pez le dijo: "Amarra tu buque al tronco de aquel árbol corpulento. Conviene hacerlo así para evitar que las aguas, cuando se retiren, puedan arrastrarlo." Después se alejó y Manú no lo volvió a ver.
Cuando las aguas se retiraron, Manú salió de su buque y se halló solo en la tierra, porque el diluvio había sumergido todo lo que había en el mundo y había hecho perecer a todas las criaturas.
Manú vivió cuerdamente e hizo numerosas ofrendas al mar, al que pidió una compañera. Al cabo de un año, una mujer salió del mar y se dirigió hacia los dioses.
Estos le preguntaron quién era. "Soy la hija de Manú, respondió, y a él pertenezco." Los dioses quisieron obligarla a permanecer con ellos; pero se negó y fué a buscar a Manú, el cual le preguntó quién era.
"Soy tu hija" le respondió._"¿Cómo puedes ser mi hija?" _"Las ofrendas que has dedicado al mar me han dado la vida, correspondiendo así a un voto que hiciste. Si quieres tener grandes riquezas y una larga prosperidad, hazme tu esposa durante un sacrificio y todos nuestros deseos se realizarán."
Manú celebró entonces un sacrificio y se unió a aquella mujer; vivieron largos años y fueron padres de la raza llamada raza de Manú.

jueves, 13 de febrero de 2014

LAS RANAS

Cuando las lluvias bienhechoras han refrescado la tierra, se oye el canto de las ranas.

Cuando llega el el otoño se ven las ranas que corren para saciar su sed. Se sienten felices en la nueva estación y se visitan la una a la otra. Y saltando, brillante como las gotas de agua, la rana amarilla va a conversar con la rana verde.

Cada una responde a las otras, y forman un concierto ensordeserod de voces, porque, enmedio de las charcas de agua, charlan todas a la vez.

Los sacerdotes, cuando llega la noche, vierten el soma y alrededor del vaso que lo contiene, cantan los himnos, como las ranas cantan alrededor de lago.

Lo mismo que las ranas se esconden durante el estío y se muestran en el otoño, los sacerdotes, sudorosos del calor del día, se reúnen por la noche.

Sacerdotes, sed nuestras ranas. Ranas amarillas o verdes, obtened por vuestras súplicas que el cielo nos conceda vacas fecundas y gordas, ricos pastos y una vejez feliz.

miércoles, 12 de febrero de 2014

A AGNI

Que Agni, brillando como el Sol desde la mañana, reciba nuestras ofrendas. Cantémosle al aire libre y puro como él, que nace con la aurora.

Agni levanta en los aires su llama blanca. El renace de su fuego; crece y devora las ramas que se le ofrecen.

Oh Agni, tus llamas puras como tú, se enlazan por todos lados; se adhieren a la leña de la pira; la acarician y la devoran con su cortante diente.

Como la correhuela silbante del guerrero, ellas se apoderan irresistibles de las ramas que gimen.

Oh Agni, tus rayos ardientes son como corceles libres a los que ni el freno ni la vida retienen, y que devoran la hierba de la pradera.

Tu fulgor te ha abierto los dominios terrestres. Golpea a tu enemigo y anonada al malvado.

Dios sublime, dotado de fuerza insuperable, danos la abundancia. Yo he elevado mis loores a la altura de tu poder. Dame, en cambio, una considerable y feliz opulencia.

A LOS MARUTS

Hijos de Rudra, compañeros de Indra, venid en vuestros carros de oro; nuestras súplicas os invoca.

Dioses prudentes, hábiles arqueros provistos de espadas, flechas, aljabas, venablos amenazadores y escudos sonoros, avanzad con majestad.

Agitad el cielo, removed las montañas celestes, y que vuestro rápido tránsito difunda tesoros sobre vuestros servidores. A vuestro paso las selvas tiemblan de temor, los lagos se conmueven y la Tierra se estremece. Enganchad vuestros gamos; picadles con el aguijón de plata y lanzadlos a golpe hasta que resuene la Tierra.

Montados en los corceles amarillos y negros, vosotros cubrías todo el cielo.

Rodeados de húmedos vapores, radiantes, adornados con brazaletes de oro y con collares de oro, nobles héroes, sobre vuestros hombros descansan las espadas.

Aguijad a los rápidos gamos, corred y que el cielo muja como el toro en medio de sus vacas.

A LA AURORA

Los himnos se elevan hacia los dioses en el momento en que el carro de Indra, todo centellante de luz, viene a despertar el mundo abatido.
Sube hasta el cielo que se desgarra y nos da esa alimentación luminosa que sacia nuestros ojos.
Hija del cielo, Aurora, diosa brillante generosa, detén al genio maléfico de la noche y expulsa al inmenso búho que cubría el cielo.
¡Ya ha nacido, ya va a brillar la divina Aurora; ven, ven gloriosamente y sube al cielo para hacerlo resplandecer de luz!
Eleva tu estandarte por encima de las montañas, y ven en tu carro que arrastran vacas de colores purpúreas.
Los fulgores de la Aurora se distinguen; ella avanza por grados; ilumina lo que la rodea y da a todo tintas tornasoladas. Bella y benévola, sonríe.
Hija del cielo, resplandece. Como la bailarina descubre su seno, lo mismo que la vaca muestra sus fecundas mamas, y así como ésta da su leche, la Aurora distribuye al mundo entero su luz.
Vedla, abriendo las puertas del cielo y coloreándose con los colores del Sol, su amante.
De igual modo que un profundo mar, así todo lo llena con si grandeza. 
Siguiendo los pasos de las auroras pasadas, eres la primogénita de las auroras eternas. ¡Ven a reanimar todo lo que tenga vida, Aurora! ¡Ven a vivificar lo que está muerto, madre de los dioses, puesto que contigo  todos los dioses despiertan! ¡Ojo de la tierra, porque sin ti el mundo sería ciego! Mensajera del sacrificio, noble Aurora, brilla para nosotros; aprueba nuestros votos y esparce sobre nosotros tu luz.
Aurora, bendice, iluminándolo con tus rayos, al padre de familia prosternado ante ti, rodeado de sus hijos.