miércoles, 12 de febrero de 2014

A AGNI

Que Agni, brillando como el Sol desde la mañana, reciba nuestras ofrendas. Cantémosle al aire libre y puro como él, que nace con la aurora.

Agni levanta en los aires su llama blanca. El renace de su fuego; crece y devora las ramas que se le ofrecen.

Oh Agni, tus llamas puras como tú, se enlazan por todos lados; se adhieren a la leña de la pira; la acarician y la devoran con su cortante diente.

Como la correhuela silbante del guerrero, ellas se apoderan irresistibles de las ramas que gimen.

Oh Agni, tus rayos ardientes son como corceles libres a los que ni el freno ni la vida retienen, y que devoran la hierba de la pradera.

Tu fulgor te ha abierto los dominios terrestres. Golpea a tu enemigo y anonada al malvado.

Dios sublime, dotado de fuerza insuperable, danos la abundancia. Yo he elevado mis loores a la altura de tu poder. Dame, en cambio, una considerable y feliz opulencia.

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